12 de noviembre del 2000, Cristina ingresa temerosamente al
curso de baile contemporáneo, llega tímida, no conoce a nadie, solo llegaba con
la ilusión de conseguir su más grande anhelo, ser bailarina, vivir aquella pasión
del ballet, tal hermosa muestra de arte. Aquel día, solo entro a la sala, con
su traje de aprendiz, hermosa, tierna; ni bien se dispuso a formarse, noto
algo, mejor dicho a alguien, era una persona q hacia la diferencia de entre
todos los presentes, un chico, si un hombre de entre todas las mujeres
practicaba ballet, ¿Quién es?, Cristina sentía la necesidad de hablarle, a
quien para ella, era un hombre valiente en esta sociedad machista, se le acerco
y entablo una muy amena conversación y se hicieron amigos, era tierno, fuerte,
apuesto, con palabras justas para todo, su nombre era Alejandro, tan majestuoso
como su nombre era aquel joven, el hombre perfecto quizás, pero para Cristina,
lo era; quizás el pasado de Alejandro fue turbulento, era frío sin
sentimientos, el cambio ocurrió al darse cuenta del valor de la vida, de que no
se vive para siempre, aprendió con el dolor propio, él se transformó en alguien
diferente, alguien mejor, un protector.
Los días transcurren normalmente, la tensión aumenta para
Cristina, la cual es acosada constantemente y bajo la mira de la profesara, la
cual la mantiene al pendiente, por cualquier error, y la castiga con rigor,
Cristina solo soporta, suele escaparse una pequeña lagrima por sus ojos, pero
no llora, Alejandro con su mirada, la detiene, le dice “no llores, no le des el
gusto, resiste”; ella reacciona y continua, a pesar del dolor y el martirio
continua por él, en Cristina la flor de la primavera ya había florecido, por
Alejandro.
Cristina se dio cuenta de lo que sentía, un sentimiento de
puro amor, por aquel su hombre perfecto, Alejandro, se lo quiso contar a su
amiga Andrea, la cual también se sentía atraída por alguien, a pocos segundos
de que Cristina diga el nombre de su gran amor, Andrea resulta estar enamorada
del mismo hombre, Cristina calla y no le dice la verdad, muestra una sonrisa
falsa de felicidad aun cuando le dolía aquello, desde entonces solo buscaba
olvidarle, arrancarlo del corazón, inconscientemente se enamoraba de chicos con
algún parecido a él, no se daba cuenta, pero lo hacía constantemente.
Su amistad con Alejandro, seguía como siempre, alegre y
feliz, ella perdidamente enamorada de él, él sin saberlo, desconociendo eso,
igual un día se le acerco a Cristina y le pidió que fuera su novia, eso pudo
ser lo más bello que le pudo pasar a ella, más se acordó de Andrea y dijo “lo
siento, no”, simplemente triste, dejar lo que se quiere por hacer feliz a
alguien más, eso hizo Cristina.
Ya a solo una semana del recital de ballet, Alejandro y
Andrea salieron de viaje a la ciudad de Ibarra, un viaje que marco la vida de
todos para siempre. En aquel viaje ocurrió un accidente del cual Alejandro salió
muy afectado, su situación era de alto riesgo, con una operación de la cabeza
de pocos meses, la probabilidad de que no logre sobrevivir era mayor, después de
horas y horas de largas y exhaustivas operaciones, lograron estabilizarlo un
poco, pero aún seguía débil, demasiado, permitieron por fin las visitas,
Cristina estaba ansiosa, no podía esperar ver como estaba, mas al verlo en ese
estado, solo lagrimas caían sin cesar, estaba devastada, no tenía fuerzas para
dejar de llorar, de sentir dolor, por aquel al cual tanto amaba, en la miraba,
y con voz débil y con dificultad le decía “no llores, no llores por mí.” , como
no sentir tal dolor ¿Cómo?, el solo cerro sus ojos y se quedó dormido y ella
simplemente lo miraba con profunda tristeza. Se despide para verlo de nuevo al siguiente
día.
20 de enero del 2001, el cielo se torna gris, y una
tormentosa lluvia cae, algo malo ha sucedido, para que el cielo muestre su
furia, su dolor, ha ganado un ángel y el mundo terrenal ha perdido un hombre.
De la habitación 105 sale una joven desesperada, con grito
devastador dice “Dios, se me fue, se me ha ido, no…!!”, llora amargamente su
pena, Cristina solo ve la escena, una mirada fija en el cuadro del dolor
viviente, ha muerto Alejandro, solo por su mejilla una gran lagrima brota de su
ojo izquierdo, mirada perdida en el abismo de sufrimiento y pena.
Las últimas palabras que escucho Cristina de Alejandro en su
última visita al hospital, con esa voz entrecortada, por su frágil condición
fueron “Te amo demasiado, no quiero que llores más, prométeme que ya no lo harás,
te lo pido, lo siento pero ya no soporto más este dolor, me quiero rendir…”; después
de esto fue un hasta luego según Cristina, más al esperar en la puerta y oír el
llanto de su hermana, supo que ese había sido su adiós definitivo.
Paso un mes y medio de aquella despedida, Cristina continua
con su vida, aún tiene presente a Alejandro por todas partes; salía a pasear de
vez en cuando con Aaron, el hermano de Alejandro, para distraerse y dejar de un
lado la tristeza, Aaron era tan parecido físicamente a Alejandro, pero tan
diferentes en su forma de ser, Cristina veía en él a Alejandro, mas no era y debía
evitar hacer comparaciones, puesto que Aaron estaba enamorado de ella, y
Cristina no quería herirlo; lamentablemente en ella solo había una persona en
su mente, Alejandro, y constantemente confundía a Aaron con el y lo llamaba “Alejandro”,
Aaron, entristecía, le dolía demasiado y con cara de pena dijo “como me gustaría
cambiarme de nombre y tener el de aquel al cual tanto llamas”; esa fue la última
frase de Aaron, se miraron fijamente y se dijeron adiós.
Ser amada y no amar a quien le ama, es triste y haber amado
sin decir nunca nada, lo es aún peor, mas esta es la realidad de Cristina, que
tiene que amar a alguien que ya no está en este mundo.
EN MEMORIA DE ANDRES

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