Romance

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lunes, 2 de diciembre de 2013

Lagrimas

Se fue y ya no está, sola la ha dejado, no lo quiso, solo fue el destino quien los separó.
12 de noviembre del 2000, Cristina ingresa temerosamente al curso de baile contemporáneo, llega tímida, no conoce a nadie, solo llegaba con la ilusión de conseguir su más grande anhelo, ser bailarina, vivir aquella pasión del ballet, tal hermosa muestra de arte. Aquel día, solo entro a la sala, con su traje de aprendiz, hermosa, tierna; ni bien se dispuso a formarse, noto algo, mejor dicho a alguien, era una persona q hacia la diferencia de entre todos los presentes, un chico, si un hombre de entre todas las mujeres practicaba ballet, ¿Quién es?, Cristina sentía la necesidad de hablarle, a quien para ella, era un hombre valiente en esta sociedad machista, se le acerco y entablo una muy amena conversación y se hicieron amigos, era tierno, fuerte, apuesto, con palabras justas para todo, su nombre era Alejandro, tan majestuoso como su nombre era aquel joven, el hombre perfecto quizás, pero para Cristina, lo era; quizás el pasado de Alejandro fue turbulento, era frío sin sentimientos, el cambio ocurrió al darse cuenta del valor de la vida, de que no se vive para siempre, aprendió con el dolor propio, él se transformó en alguien diferente, alguien mejor, un protector.
Los días transcurren normalmente, la tensión aumenta para Cristina, la cual es acosada constantemente y bajo la mira de la profesara, la cual la mantiene al pendiente, por cualquier error, y la castiga con rigor, Cristina solo soporta, suele escaparse una pequeña lagrima por sus ojos, pero no llora, Alejandro con su mirada, la detiene, le dice “no llores, no le des el gusto, resiste”; ella reacciona y continua, a pesar del dolor y el martirio continua por él, en Cristina la flor de la primavera ya había florecido, por Alejandro.
Cristina se dio cuenta de lo que sentía, un sentimiento de puro amor, por aquel su hombre perfecto, Alejandro, se lo quiso contar a su amiga Andrea, la cual también se sentía atraída por alguien, a pocos segundos de que Cristina diga el nombre de su gran amor, Andrea resulta estar enamorada del mismo hombre, Cristina calla y no le dice la verdad, muestra una sonrisa falsa de felicidad aun cuando le dolía aquello, desde entonces solo buscaba olvidarle, arrancarlo del corazón, inconscientemente se enamoraba de chicos con algún parecido a él, no se daba cuenta, pero lo hacía constantemente.
Su amistad con Alejandro, seguía como siempre, alegre y feliz, ella perdidamente enamorada de él, él sin saberlo, desconociendo eso, igual un día se le acerco a Cristina y le pidió que fuera su novia, eso pudo ser lo más bello que le pudo pasar a ella, más se acordó de Andrea y dijo “lo siento, no”, simplemente triste, dejar lo que se quiere por hacer feliz a alguien más, eso hizo Cristina.
Ya a solo una semana del recital de ballet, Alejandro y Andrea salieron de viaje a la ciudad de Ibarra, un viaje que marco la vida de todos para siempre. En aquel viaje ocurrió un accidente del cual Alejandro salió muy afectado, su situación era de alto riesgo, con una operación de la cabeza de pocos meses, la probabilidad de que no logre sobrevivir era mayor, después de horas y horas de largas y exhaustivas operaciones, lograron estabilizarlo un poco, pero aún seguía débil, demasiado, permitieron por fin las visitas, Cristina estaba ansiosa, no podía esperar ver como estaba, mas al verlo en ese estado, solo lagrimas caían sin cesar, estaba devastada, no tenía fuerzas para dejar de llorar, de sentir dolor, por aquel al cual tanto amaba, en la miraba, y con voz débil y con dificultad le decía “no llores, no llores por mí.” , como no sentir tal dolor ¿Cómo?, el solo cerro sus ojos y se quedó dormido y ella simplemente lo miraba con profunda tristeza. Se despide para verlo de nuevo al siguiente día.
20 de enero del 2001, el cielo se torna gris, y una tormentosa lluvia cae, algo malo ha sucedido, para que el cielo muestre su furia, su dolor, ha ganado un ángel y el mundo terrenal ha perdido un hombre.
De la habitación 105 sale una joven desesperada, con grito devastador dice “Dios, se me fue, se me ha ido, no…!!”, llora amargamente su pena, Cristina solo ve la escena, una mirada fija en el cuadro del dolor viviente, ha muerto Alejandro, solo por su mejilla una gran lagrima brota de su ojo izquierdo, mirada perdida en el abismo de sufrimiento y pena.
Las últimas palabras que escucho Cristina de Alejandro en su última visita al hospital, con esa voz entrecortada, por su frágil condición fueron “Te amo demasiado, no quiero que llores más, prométeme que ya no lo harás, te lo pido, lo siento pero ya no soporto más este dolor, me quiero rendir…”; después de esto fue un hasta luego según Cristina, más al esperar en la puerta y oír el llanto de su hermana, supo que ese había sido su adiós definitivo.
Paso un mes y medio de aquella despedida, Cristina continua con su vida, aún tiene presente a Alejandro por todas partes; salía a pasear de vez en cuando con Aaron, el hermano de Alejandro, para distraerse y dejar de un lado la tristeza, Aaron era tan parecido físicamente a Alejandro, pero tan diferentes en su forma de ser, Cristina veía en él a Alejandro, mas no era y debía evitar hacer comparaciones, puesto que Aaron estaba enamorado de ella, y Cristina no quería herirlo; lamentablemente en ella solo había una persona en su mente, Alejandro, y constantemente confundía a Aaron con el y lo llamaba “Alejandro”, Aaron, entristecía, le dolía demasiado y con cara de pena dijo “como me gustaría cambiarme de nombre y tener el de aquel al cual tanto llamas”; esa fue la última frase de Aaron, se miraron fijamente y se dijeron adiós.

Ser amada y no amar a quien le ama, es triste y haber amado sin decir nunca nada, lo es aún peor, mas esta es la realidad de Cristina, que tiene que amar a alguien que ya no está en este mundo.

EN  MEMORIA DE ANDRES

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